Elogio a la Incertidumbre

La necesidad de tener certezas sobre lo que depara el futuro ha existido desde los orígenes de la humanidad, los antiguos consultaban el oráculo, invocaban a los muertos, examinaban las entrañas de los animales, leían las líneas de las manos y tenían contratados dentro de su círculo más cercano expertos en predecir el futuro. Esta necesidad nos sigue acompañando en la época moderna, querer saber ¿qué va a pasar?, para así poder tener mayores certezas de nuestro actuar y estar seguros de que la decisión a tomar es acertada; somos controladores por naturaleza y queremos tenerlo todo previsto e ir a la fija, necesidad de saber que va a pasar, para anticiparnos.

La incertidumbre es el grado de desconocimiento acerca de una condición futura, la ausencia de información o desacuerdo con la información que tenemos; es por lo tanto algo que no podemos controlar, no depende de nosotros y ésta es la causa de mayor frustración, sentir que las cosas suceden fuera de nuestro dominio. En el reino de lo inesperado cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, vivimos en un mar de cambios y es por esto que no alcanzamos a tener control de lo que ocurre a nuestro alrededor.  Acontecimientos inesperados suceden en la vida de cualquier persona y éstos solo toman sentido cuando se miran en perspectiva.

El cuento del granjero chino nos habla de cómo mirar las cosas en perspectiva

Un día, el hijo de un viejo granjero dejó, por descuido, la verja del establo abierta. El único caballo que tenían escapó. Todos los vecinos vinieron a solidarizarse: “¡Qué mala suerte!”

Sin embargo, el anciano no se inmutó, solo dijo: “Puede ser, puede ser”.

Al día siguiente, el caballo volvió al establo y trajo consigo otros diez caballos salvajes que le siguieron desde las montañas. Ahora el granjero tenía once caballos y se había convertido en el hombre más rico del pueblo. Todos los vecinos fueron a visitarlo y le dijeron: “Parece que al final fue un golpe de suerte que el caballo se haya escapado”.

El anciano solo les respondió: “Puede ser, puede ser”.

Al día siguiente, mientras su hijo estaba intentando domar a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. Al acercarse el invierno, sin la ayuda del hijo en la granja, el anciano tendría que afrontar grandes problemas. Los vecinos le dijeron: “En el fondo, fue un error. Ahora tienes los caballos, pero no tienes a tu hijo para que te ayude. Es algo terrible”.

El padre, en vez de lamentarse, respondió: “Puede ser, puede ser”.

Al día siguiente, el ejército llegó al pueblo y reclutó a todos los jóvenes para luchar en una guerra suicida. Era posible que ninguno de ellos regresara a casa. Sin embargo, como el hijo del granjero tenía una pierna rota, no lo reclutaron y se quedó a salvo en el hogar.

Una vez más, los vecinos le comentaron la buena suerte que había tenido. Nuevamente el granjero contestó: “Puede ser, puede ser”.

Existen pocas certezas de las que podamos hacer gala a lo largo de nuestra vida, cada situación ofrece posibilidades y oportunidades futuras por eso siempre habrá un “Puede ser, puede ser”, solo que nos aferramos a lo conocido y a lo previsible, por miedo a no tener el manejo de lo que pueda ocurrir. Dentro de las pocas certezas con las que contamos los seres humanos, está el hecho de que algún día moriremos, el miedo a morir radica fundamentalmente en que es algo fuera de nuestro mando y carente de posibilidades futuras. Si entendemos que la muerte llegará cuando sea su momento y que no depende de nosotros postergar el día, podemos soltar este miedo y dedicarnos a lo que, si podemos dominar, vivir plenamente.

¿Cuáles son aquellas cosas que te generan incertidumbre?

¿Qué herramientas utilizas para gestionar el miedo al futuro?

 

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