El deseo de «Ser Especial» es uno de los anhelos más profundos del ser humano. Los niños buscan atención de los adultos, los adolescentes la aceptación de sus amigos y los adultos el reconocimiento profesional y personal. El deseo de sentirse especial para otros, recibir reconocimiento y sobresalir es una forma de experimentar la valoración personal. Sin embargo, nos enfocamos tanto en llamar la atención de otros para sentir su especialidad, que en esa carrera loca nos olvidamos de ser especiales con la persona más importante de nuestra vida. Nosotros mismos.

El deseo de ser especial genera la necesidad de lucha y diferenciación.

Al querer ser especial, surge la necesidad de diferenciarse y sobresalir; cualquier clase de especialidad impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesidad de juzgar.

Lo cierto es que no somos especiales. Somos personas comunes y corrientes viviendo una realidad individual, cuidando su propio tesoro. Queremos ser especiales para otros, pero los otros también están muy ocupados cuidando su propio tesoro y su propia especialidad.

Nos han vendido los sueños de ser VIP, pero esto es solo un gancho de mercadeo financiero, con el que nos hacen creer que, si compramos más, nos endeudamos más, usamos la tarjeta de moda y tenemos acceso a sala VIP somos especiales.

La especialidad una forma de ataque

El deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y un fin. Personas con capacidades diferentes, seres especiales, genios, superdotados, super humanos, todos tenemos algo de esto en nuestro interior, por lo tanto, la invitación es a liberar el poder interior y reconocernos como iguales ante nuestros hermanos en lugar de buscar el ataque por ser diferente. Pues ser especial no solo separa, sino que sirve de barrera ante los que parecen ser inferiores a esta idea de especialidad. Los que se creen especiales generalmente son débiles y frágiles pues las diferencias que han creado en su ilusión de especialidad son su peor enemigo.

Creerse especial es un juicio que lleva a hacer comparaciones con otros. La especialidad conduce a ver una carencia en los otros o en uno mismo. «El deseo de ser especial es el sello de la traición impreso sobre el regalo del amor«.

Sinfonía.CO

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